¿Te acuerdas cómo era la vida antes de que Trump llegara a la Casa Blanca? Si te pasa como a mí, parece que no es posible salir de esta áspera diáspora. Es como si el asalto a la antes, consagrada democracia made in EE.UU, se hubiera perpetuado en el tiempo con carácter retroactivo. A estas alturas, pensar que Trump sigue una estrategia de comunicación política no es plausible. Sencillamente, reproduce un patrón de comportamiento que hasta hoy ha funcionado. Por tanto, no es baladí plantearse si el presidente americano vende o comunica . Nadie ha escapado en este tiempo a la sorpresa diaria, ni al impacto de lo que el inquilino de la Casa Blanca dice. ¿A qué nos enfrentamos cada día? Incertidumbre, miedo, sorpresa, estupor y un largo etcétera de calificativos que no contribuyen a la paz y la serenidad. En este sentido, el mensaje de Trump se emite bajo la premisa de incomodar, sorprender, amedrentar o amenazar con el objetivo de perpetuarse en el rol de amo del mundo. Y, naturalme...
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